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El Retorno De Las Amazonas

Y no me refiero a un refrito de la novela que protagonizara en mis años mozos aquella actriz cuyo nombre no recuerdo y ustedes seguramente si, sino a la preponderancia que está tomando la mujer a nivel internacional en todos los campos del quehacer humano. Ya a nadie le sorprende que una mujer ocupe la Presidencia de alguna empresa, meta hasta hace poco sólo lograda por hombres, sino que hasta en nuestra machista Latinoamérica hemos tenido, y tenemos actualmente en Chile, una mujer al frente de un país, como la legendaria Golda Meir, fémina que dictó cátedra en un país naciente y en guerra. Ya no se puede considerar a “Comander in Chief” la excelente serie protagonizada por Gena Davis, como algo de ciencia ficción, sino como la visión de un futuro no muy lejano.

Desde muchos años atrás, la mujer ha estado buscando ser emancipada. No hay que negar la represión a la cual ha sido sometida. Y si en occidente esto es una realidad, que no decir de las culturas africanas o asiáticas. Pero era de esperarse. Desde la calumniada Safo, pasando por Juana de Arco, hasta la famosa bailarina Camargo, allá en Francia y hace unos cuantos siglos, quien se subiera la falda un poquito (sólo hasta el tobillo), para mostrar un batido de pies y causara un escándalo; continuando por George Sanz, Virginia Wolf o Sor Juana Inés de La Cruz y pare usted de contar; la mujer ha tenido que luchar con fuerza para ser reconocida como un igual, hasta hoy en día ser considerada como un peligro para muchos hombres que no pueden ver más allá del tamaño de su pene.

Se le ha criticado por dejar a los hijos en casa, por descuidar la pareja, por abandonar el hogar, por estar hasta altas horas de la noche en la calle, por meterle billetes en los interiores a un hombre medio desnudo que se tongonea (fin de mundo, diría mi abuela, haciéndose frenéticamente cruces), por tomar cerveza a pico de botella… En fin, por muchas cosas, pero lo cierto es que ya no hay vuelta atrás, ese “…animal de pelo largo y mente corta”, como la tildara aquel famoso filósofo, se soltó o se cortó el moño, según los gustos y la moda, para exigir un lugar en el planeta.

Pero cuidado… porque como todas las cosas, los extremos son malos. Todavía es la mujer la principal machista. En lugar de buscar su lugar, siendo diferentes al hombre (como de hecho lo son), muchas mujeres demuestran conductas más machas que Juan Charrasqueado, en una burda imitación de aquello que tanto daño les ha hecho. Si emanciparse es perder la feminidad entonces, señoras, las prefiero en la cocina como la estereotipada mamá de Mafalda. Lo femenino es el equilibrio, ese equilibrio entre los arquetipos de Atenea, Venus y Démeter: entre la profesional, la fémina y la madre (tenga o no hijos, ese es otro problema, nos referimos al instinto maternal).

Hay que aupar la igualdad de la mujer, y recalcamos IGUALDAD, es decir, iguales derechos y oportunidades que el hombre, pero detener el regreso de las Amazonas, casta guerrera hijas de Ares, que se estirpaban un seno para apoyar mejor el arco. Podrían haber sido muy arrechas en la lucha, pero ¿por qué sacrificar lo que es parte de su naturaleza, sólo por demostrar lo que la historia se está encargando de probar sin tanto problema ni anestesia?

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