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La Culpa, una Herida por Sanar

Una tarde de barbecue, compartiendo con un grupo de amigos, celebrábamos un nuevo peldaño en la carrera ascendente de la dueña de casa. En medio de las bromas, el compartir y la comida le pregunté qué sentía una mujer esbelta y saludable que vive haciendo malabarismos entre ser madre de tres hijos, esposa, excelente anfitriona de casa y además una profesional destacada; a lo que en tono de chiste me respondió: CULPA.

A la mujer de este nuevo milenio le ha tocado el reto de asumir roles que hace unas décadas atrás ni soñaba con ocupar o desempeñar. Ese reto ha implicado cambios tan vertiginosos en todos los ámbitos de nuestra vida que las culturas de muchos países no han terminado de asimilar, nuestros grupos sociales de apoyo no acaban de comprender y aceptar y, en consecuencia, muchas mujeres no llegan a creer e introyectar como un derecho o como un hecho natural. Es allí cuando aparece una de las emociones que más limita el crecimiento y desarrollo de las mujeres en la actualidad, la sombra de la culpa, misma expresada de distintas formas y matices como deslealtad, inmerecimiento, inadecuación y pare usted de contar las maneras de sufrir un proceso como la autorealización, que requiere toda su energía y motivación para alcanzar su plenitud.

Ahora bien, la culpa es un estado interno muy interesante. Por un lado se expresa como un conflicto en el cual el individuo cree haber hecho algo que no debió hacer o dejó de hacer algo que cree que debió hacer. La culpa aparece incluso ante solo la posibilidad de pensar hacer o dejar de hacer algo que creemos indebido. En todo caso es un sentimiento enmarcado dentro de reglas o convenciones de un grupo, de una sociedad o de una cultura y que en el mejor de los casos genera un sentimiento de responsabilidad por el daño causado y por ende acciones para enmendar dicho daño. En este caso la culpa es un sentimiento sano que nos permite vivir en sociedad, ya que nos lleva a tomar conciencia sobre los errores que todos en algún momento podemos cometer, y hacer lo necesario para cambiar en lo posible el curso de ese error… 20 puntos para la culpa.

¿Pero qué pasa cuando el marco de reglas, convenciones, culturas, creencias y todo aquel entramado social que nos dicta lo que debemos pensar, sentir y como comportarnos no se transforma a la velocidad de los cambios tecnológicos, económicos y políticos (solo por nombrar unos cuantos), que le dan a la mujer la posibilidad de ocupar nuevos roles que antes no ocupaba?

La culpa aparece entonces como una profunda incongruencia entre lo que decimos y pregonamos sobre la igualdad de género, igualdad de oportunidades y todo el discurso de moda y lo que realmente pensamos y esperamos de la mujer en sus distintos roles: pareja, madre, esposa, gerente, etc. Y esta incongruencia se convierte en una gran herida en la psique de la mujer, que tiene que manejar el reproche silencioso de sus entornos cercanos y a veces no tan cercanos, pero sobre todo su propia censura y auto recriminación, muchas veces inconsciente.

En todos los años que llevo trabajando con mujeres emprendedoras he encontrado esta herida expresada de forma lingüística en construcciones como: ¿Cómo no va a estar la madre acompañando a un hijo enfermo (aunque el padre esté)?… ¿Cómo voy a ganar más dinero que mi esposo?… ¿Cómo se sentirán los hijos si ven que mamá tiene mas éxito que papá?… ¿Y cómo se sentirá papá?… Y la peor de todas: LAS MUJERES EXITOSAS SE QUEDAN SOLAS. Ideas que ninguna de esas mujeres hubiesen aceptado como suyas y que a la luz de la revisión profunda emergen terriblemente para señalarlas; pero que también pueden hacerlo maravillosamente para darnos la oportunidad de desafiarlas y transformarlas. El trabajo entonces consiste en sanar esas heridas, uniendo la brecha de la incongruencia e integrando a todas esas partes, todas esas féminas que habitan en esa mujer.

Siempre he creído que las culturas evolucionan a través de los cambios que hacemos cada uno de nosotros en nuestro metro cuadrado, es por ello que el trabajo es una mujer a la vez, cada una reconciliando todas sus partes y entendiéndose en todas sus dimensiones.

Tal vez mi amiga bromeaba, pero también creo que detrás de muchas bromas hay un mensaje que clama por salir. De lo que estoy seguro es que ella está en ese proceso de construirse a sí misma en todas las facetas, roles y retos que decidió enfrentar. Que la mujer que construye es la más exitosa emprendedora y una gran líder, pero también la mejor esposa que su marido va a poder tener y la mejor madre que pueda modelar a sus hijos.

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