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¿Niño índigo o Muchacho Malcriado?

El grave problema con la psicología es que todo el mundo quiere tener un título en ella, y muchas personas desean este título sin pasar por “GO” como se dice en el argot popular. Además, los temas en psicología se ponen de moda, igualito que las prendas de Ives Saint Lauren o Carolina Herrera, y entonces la gente parece no hablar de otra cosa. Este es el caso de los famosos “Niños Índigo”, que a partir de los años ochenta comenzó a hacer furor, con sus respectivos libros y todo. 

Si bien es cierto que ya la psicología evolutiva ha hablado de niños especiales, niños prodigio o niños precoces (Mozart, sólo por citar un ejemplo famoso), también lo es que muchos padres despreocupados e irresponsables toman este tema como pretexto para disculpar la mala crianza que muchas veces dan a sus hijos. Ahora todo muchacho malcriado o impertinente lo quieren llamar “Niño Índigo”. Ahora los muchachos no rompen las cosas de las casas ajenas, sino que están “conociendo el ambiente”; no dan pataletas, sino que “manifiestan sus emociones”; no desafían la autoridad sino que “expresan sus opiniones”; no son desobedientes, sino que “poseen su estructura de conducta”. Así es muy fácil ir a un restaurant, o a una iglesia, o a donde sea y soltar al muchacho a su aire para luego, cuando otro le llame la atención porque está haciendo “lo que le da la gana” (porque como decía mi abuela, “quien no tiene papá en su casa lo consigue en la calle”), salir con la disculpa de “él es sólo un niño” o “lo que pasa es que es un Niño Índigo, y tengo que dejar que se exprese”. Así cualquiera es papá o mamá… Hace poco estaba en casa de una amiga y su niña (¡de ocho años!) le dijo “estúpida” porque no le quiso dar un juguete. Ante mi sorpresa me dijo: “Lo que pasa es que hemos negociado (¡la palabrita!) que si ella me permite que yo le diga esas cosas, yo también se lo debo permitir a ella conmigo. Es que es una Niña Índigo”… Perdóname, le dije, tú lo que eres es una madre absurda que está criando a una futura antisocial, que se va a llevar por el medio a cuanta persona no cumpla sus caprichos y posiblemente termine sola y amargada… Espero que después de eso siga siendo mi amiga…

No pretendo negar la posibilidad de la existencia de los “Niños Índigo”. Todo lo contrario ojalá existan, porque según lo que he leído sobre el tema todo el mundo parece coincidir en que vienen a salvar el mundo (y si algo necesita ser salvado es el mundo, o pregúntenle a Mafalda, la Niña Índigo de Quino), pero si pretendo expresar que no se puede catalogar como Niño Índigo a cuanto muchacho malcriado anda por allí, solamente porque sus padres se sacaron la lotería de un perfecto pretexto para no asumir la responsabilidad de inculcar valores y hábitos. Y ojo, la responsabilidad NO es de los niños, que vienen con la inocencia a flor de piel. 

Ser padres no es fácil, independientemente de cuantos hijos se tenga. Y hoy en día, menos. Los padres tienen que luchar constantemente contra enemigos más poderosos como la televisión y Mc Donalds, pero es una responsabilidad que se asumió y que es indelegable. Por esta razón, es importante prepararse para llevarla adelante con criterio. No basta leerse un librito para encontrar la solución mágica. Es cuestión de estar constantemente observando, estudiando y saber escuchar. Es no dejarse llevar por la emoción y emplear con criterio el menos común de los sentidos: el sentido común. Es tan negativo un padre que castiga a su hijo por cualquier cosa, generalmente drenando su rabia y frustración en un inocente, como aquel que no toca al muchacho porque “se puede traumatizar”. La canción de Joan Manuel Serrat “Esos Locos Bajitos” es todo un poema. Dice en el coro, como burla a los padres castrantes “Niño, deja ya de joder con la pelota. Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que es no se toca…” Y tiene razón… No es cuestión de amararle las manos al niño y cortarle las alas, de quitarle la pelota; pero tampoco dejar que nos destruya la casa, o la del vecino (que es peor), con ella…

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